Crítica de cine: “El cuarto azul”

 Crítica de cine: “El cuarto azul”

Esta es una de las películas que todo el mundo debería ver. Cuando escucho las típicas quejas de que el cine está en decadencia, de que ya no hacen películas buenas, me dan ganas de mostrar esta película.

La historia desarrolla uno de los tópicos más elementales de las historias de amor: la infidelidad. Lo que cambia es la manera en que la historia de va deshilvanando, pues está contada In Extrema Res por medio de un interrogatorio policial, algo que recuerda levemente a “True Detective”. La narrativa genera un suspenso constante y los elementos se van ordenando de manera progresiva, alternando silencios y pausas.

De Mathieu Amalric  y basada en la novela de Georges Simeon, cuenta la historia de Julien Gahyde (Mathieu Amalric), quien tiene una relación adúltera con Esther Despierre (Stéphanie Cléau), la que también engaña a su marido. Todo esto tiene lugar en una habitación azul, que da nombre al filme, y Julien se siente mucho más culpable que Esther, la que se muestra cínica, desinhibida y sin culpa alguna por engañar a su esposo enfermo y débil. El personaje de Esther es bastante original, a ella no le importa ser la amante, no es el típico cliché de la amante que siente celos de la esposa y exige más atención o que deje a su pareja por ella. Parece estar resignada a las circunstancias y es a la vez muy fría y muy apasionada.

La hipocresía, el arrepentimiento, la moral, la paternidad, son temas que aparecen durante la película. Uno de los roles más interesantes es el del personaje del juez del interrogatorio, interpretado por Laurent Poitrenaux, quien supuestamente debería ser imparcial, sin embargo sus juicios sobre el actuar del protagonista de alguna manera ayudan a encaminar la historia a una especie de capítulo de “Mea Culpa”.

El tono policial también constituye una óptica distinta para el género, y a diferencia de la mayoría de estas historias, el misterio no se arma como un rompecabezas, sino que deja algunas interrogantes al final, que es de alguna manera abierto. El relato policial surgió en un contexto naturalista y positivista en el que se debía llegar a la verdad siempre por medio de la razón, sin cabos sueltos ni subjetividades, y vueltas de tuerca como esta reinventan al género maravillosamente.

Por Felipe Tapia, el crítico más  aclamado por la crítica e incomprendido por la chusma.

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