Santiago Horror Film Festival: la sangre que ha corrido bajo el puente

“Tenemos nuestros propio terror, y hay que aprovecharlo”

La comunidad fanática del cine de terror y fantástico ha existido desde hace décadas y los nombres de George Romero o San Raimi son referentes que todos sus integrantes reconocen y veneran. Lo que hacía falta era una comunidad local en torno al cine local. Y de eso se encargó el Festival llevado a cabo desde el 4 al 6 de octubre.

Aunque sí hay precedentes de una comunidad que lleva años forjándose, en esta oportunidad se congregaron autores, directores, actores y demás exponentes de ambos géneros, mostrándonos cuánto han evolucionado desde los primeros pasos que dio este cine en nuestro país.

Todos recordamos las primeras producciones de Jorge Olguín: “Sangre Eterna” y “Ángel Negro” a principios del milenio. Como suele ocurrir con un género emergente, estas primeras producciones no estaban carentes de imperfecciones. Eran rústicas, con efectos acordes al presupuesto, y premisas algo ingenuas y primerizas. Agua ha corrido desde aquel entonces, o mejor dicho, sangre, para estar más a tono, y el trabajo de Olguín ha inspirado a nuevos cineastas que se experimentaron con el género. Te pueden gustar o no estas películas, pero siempre será admirable arriesgarse para hacer cine de género y distinguirse de la comedia y la temática política que dominan la industria nacional. Aunque supongo que cuando has superado asesinos, mutilaciones, espectros, zombies y demases, tu miedo a la competencia brutal del mercado es nula.

Luego de presenciar los cortos nacionales e internacionales, y asistir a las funciones de cintas como “Gritos del Bosque” de Jorge Olguín, “Noche” de Inti Carrizo-Ortiz, “Wekufe” de Javier Attridge, “Trauma” de Lucio Rojas, “Visceral” de Felipe Eluti, y otras películas internacionales, una cosa nos ha quedado sumamente clara: El cine de terror nacional está lejos de ser primerizo, como cuando nació. Los efectos, la dirección, la realización técnica, todos sus elementos han crecido, madurado y perfeccionado al punto de poder competir con las producciones de afuera. No hay nada que envidiar. Sabemos que cuestión de gustos no hay nada escrito, pero en términos objetivos sería difícil no reconocer que hay un nivel que ameritaba un festival de la envergadura del SHFF.

Javier Attridge, director de “Wekufe”

Lo identitario se tomó el terror. “Wekufe” y “Gritos del Bosque” nos probaron que tenemos nuestros propios monstruos locales, que no necesitamos momias ni vampiros para atemorizar el corazón de los ciudadanos; y “Trauma” y “Noche” trajeron a colación conflictos políticos y el sentir de una ciudadanía que aún no se reconcilia con las figuras militares por los sucesos de hace algunas décadas. Atrás quedaron los días en que el cine chileno copiaba o producía versiones baratitas de películas extranjeras. Tenemos nuestros propio terror, y hay que aprovecharlo.

Algo del arte que tuvimos la oportunidad de ver

Como si eso fuera poco, también tuvimos la oportunidad de contar con stands de libros, comics, los realizadores de efectos especiales, el equipo de maquillaje y disfraces Kryolan, Cinema Santastic, venta de poleras y golosinas con temáticas terroríficas, y el trabajo de artistas que exhibieron sus ilustraciones, cuadros y esculturas para completar la atmósfera tenebrosa del festival. Como si eso fuera poco, talleres, conversatorios y charlas contribuyeron aún más a congregar a una comunidad que espera que esta instancia se repita los años venideros.

Conversatorio: las mujeres en el cine de género

Así que ya lo saben. Interésense por el cine fantástico y de terror, porque ha corrido sangre bajo el puente. Asomen sus cobardes cabezas ocultas bajo las sábanas. Asómense a ese pasillo oscuro de donde provienen los gritos. Participen de la comunidad que Santiago Horror Film está forjando. Y ayudemos a seguir levantando al cine de género chileno, porque promete.

Por Felipe Tapia, el crítico que fue encontrado en las ruinas ancestrales

Autor: Cine

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