El inesperado e impactante final de “Merlí”: ¿Por qué ver otra historia de profesores?

Acabó la tercera temporada de una serie que destacó por su éxito y ganarse a un público más allá de los hablantes catalanes, por lo que ameritaba nuestro comentario. Hay que agradecer que las series exitosas sepan cuándo acabar y no alargarse hasta la décima temporada hasta volverse horribles. Sin duda, la estrategia que se usó esta vez para darle un cierre definitivo a la historia, fue abrupto e inesperado, y probablemente unos la amarán, y otros se enojarán hasta la histeria. Pero eso es un poco “Merlí”. El final fue tema efervescente en todos los medios y redes sociales, y aún hay quienes no se lo creen.
En primer lugar, quisiera hacer notar el hecho de lo que ha supuesto Netflix para el público, en cuanto a opciones televisivas. Se supone que la plataforma amplió sustantivamente las opciones audiovisuales, pero me gustaría discrepar de ese punto. Muchas personas se han acostumbrado a depender de las opciones de Netflix, y si no está ahí, no existe. Más de una vez, cuando recomiendo una serie, me preguntan ¿Está en Netflix? ¡Amigos, usen Internet! Digo esto porque muchos ni se habían enterado de esta tercera temporada, debido a que en Netflix solo está hasta la segunda. Amiguetes, libertad no es poder elegir entre Coca Cola y Pepsi, sino poder elegir si tomas o no bebida. Y lo mismo, libertad no es elegir entre las opciones que te da Netflix, sino ver lo que se te canten los huevos, como diría el padre de Pol Rubio.
Ya, ahora que me desahogué, vamos a la serie.
Series y películas sobre profesores se han hecho por montones, y la mayoría recurre a los tópicos clásicos: Un profesor diferente que llega a cambiar las vidas de los alumnos, un aparato educativo burocrático y obsoleto, que se enfrenta constantemente con el docente rupturista. “Merlí” no es ajeno a estos tópicos, pero ¿Qué la posicionó como una serie diferente, y por qué vale la pena verla? A mi juicio por tres motivos:
En primer lugar, la actualización. La sala de clases puede ser caldo de cultivo para tratar todo tipo de temas, y en esta ocasión la serie aprovechó el contexto de la época para distanciarse de otras historias de profes: temas como el grabar a una compañera desnuda y difundir el video por wasap (Algo que está pasando en nuestros días), el amor libre y la crítica a la monogamia, la desacralización de la familia como algo puro e intachable, sobre todo la figura de la madre, las rivalidades entre profesores, el funcionamiento de la educación pública, sus subvenciones y demases, riesgos y beneficios de la libertad de cátedra, la utilización de nuevas metodologías para mejorar la enseñanza, el rol de la tecnología en el aula, la competencia en el sistema educativo, etc.
Segundo, el formato. Cada episodio lleva por título el nombre de un filósofo, y su pensamiento se hará presente, a veces de forma más explícita y otras más implícita, en la trama, y los problemas que aquejan a los peripatéticos, los alumnos de Merlí. Sartre, Marx, Camus, Butler, Zizek, Debord, Thoreau, Platón, y otros, serán mencionados de acuerdo a la dirección que vaya tomando la trama. Solo los dos últimos episodios escapan a esa norma: el penúltimo se llamará igual que el primero, y el último llevará por título el nombre del filósofo Merlí Bergeron. Es importante entender que no es una serie para aprender sobre filosofía, como muchos han pensado, sino solo conocer un leve brochazo sobre esta, pero el acento está en el drama humano y las relaciones entre personajes.
Tercero y a mi juicio uno de los giros más interesantes de la última temporada, es la idea de que lo que alguna vez fue rupturista, puede volverse conservador y dogmático. Merlí es presentado desde un principio como un personaje independiente, manipulador, orgulloso, sin pelos en la lengua y controversial. Es como Doctor House haciendo clases, pero menos amargado. Esto, lejos de convertirlo en la figura idealizada del profesor diferente, rebelde e idealista, a menudo lo hace ver como egoísta, condescendiente y sabelotodo. Los demás personajes están conscientes de ello, se lo hacen saber a menudo, y Merlí demuestra varias veces que no es infalible y que también mete la pata. Por eso en ocasiones debe verse obligado a pedir perdón por su comportamiento. En la tercera temporada esta idea es llevada a otro nivel, y Merlí es mostrado como inconsecuente, ya que solo a él le gusta desafiar las reglas, y alienta todo tipo de sabotajes al sistema educativo y la autoridad, pero cuando los alumnos lo cuestionan a él y sus métodos, se vuelve tan hermético e intransigente como el poder oficial que él presume cuestionar tanto. Esto, lejos de arruinar al personaje o el espíritu de la serie, lo vuelven más complejo y explora otras facetas que otras historias similares de profesores, en la que el protagonista tiende a ser sacralizado, no examinan.
¿El final? No nos dieron justo lo que pedíamos, como suele ocurrir. Nos sacaron violentamente de nuestra zona de confort, pero eso se agradece en este negocio. No se cierran todas las historias, los alumnos salen a vivir sus vidas, recogiendo la experiencia con su profesor de Filosofía, pero conscientes de que el aprendizaje no acaba al terminar el colegio, sino que es algo permanente y continuo, por lo que haber dado un final totalmente cerrado habría sido contraproducente. Tampoco se le dejó suficientemente abierto para otra temporada, por motivos que conocerán cuando vean el final, y creo que acá se confirma que bien está lo que bien acaba. Mejor quedarnos con estos entrañables 40 episodios (Más el documental “Merlinadas”) antes de agotar y sobregastar la fórmula.
Sin duda es un final bastante triste, pero con una cuota de alegría y esperanza al ver crecer a los alumnos del pelón, y que es difícil que deje indiferente o decepcionado a quienes siguieron fieles las tres temporadas que la compusieron.
Si tuviera que ponerme mañoso y criticar algunos aspectos de la serie, podría ensañarme con algunos personajes que puedes sacar de la historia sin que esta se afecte mucho, como los profesores Millán, Elisenda o Gabi (Hay otros menos relevantes que sí aportan a la trama, como Albert o Gloria, que cumplen funciones insustituibles para esta). También hubo cosas no cerradas, como la abrupta salida el personaje de Silvana sin ninguna explicación. Pero dejando de lado estos detalles, ahora que acabó Merlí, es tan buen momento como otro para recomendarla a todos aquellos que estén interesados en la Filosofía, en una serie diferente aunque no tanto sobre profesores, o que desee incursionar en el mundo de las políticas educativas y ver desde adentro cómo funciona el aparato académico. A mí que soy profe me hizo bastante sentido.
Les dejo como muestra, a ver si les pica el bichito, una escena de la tercera temporada (No revela spoilers ni nada importante que vaya a arruinar la historia, así que tranquis):

Por Felipe Tapia, el crítico a punto de alcanzar su última transformación

Autor: Cine

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