El final de “91 Days”: Anime, mafia y alcohol.

En esta era en la que los ñoños son los nuevos cool, el título bien podría reemplazar al slogan “Sexo, Drogas y Rock and Roll”. Pero claro, los cásicos son los clásicos. Hace un tiempo esta página reseñó algunos animes que pueden gustarle a la gente que no ve anime, por escapar de los tópicos tradicionales de este formato, y por tocar temáticas de corte más adulto. Puedes revisar dicha lista en este link.

“91 Days” es un anime que yo sumaría a la lista de los que pueden ser disfrutados por alguien, pese a que odie el anime, los niños super poderosos y los robots gigantes. La historia está ambientada durante la época de la Ley Seca, cuando se había prohibido el alcohol, lo que propició que las mafias hicieran su agosto con el contrabando ilegal de la causa y la solución de todos los problemas, como diría Homero. Su nombre se debe a que la historia de venganza en si durará 91 días, como para irse preparando.

La historia, escrita por Taku Kishimoto, no está exenta de clichés, como la escena inicial en la que un niño ve encerrado en su pieza cómo unos mafiosos asesinan a toda su familia, por un ajuste de cuentas típico de esta gente. En el más puro estilo “Kill Bill” o “El Conde de Montecristo”, nuestro protagonista Angelo Lagusa (Rebautizado por él mismo como Avilio Bruno) vivirá para vengarse creándose una nueva identidad y creciendo. Para ello, utilizará las habilidades de su mejor amigo Colteo para crear alcohol casero y meterse en el mundo de la mafia, trabajando para la familia Vanetti, ganando su confianza y ajusticiando a los causantes de su desgracia.

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La serie recoge la mayoría de los tópicos del género: Capos poderosos pero con problemas de salud, conflictos entre familias, treguas, bodas que crean lazos, venganzas, traiciones, etc. La influencia de clásicos como “El Padrino” se deja sentir en todo momento, sin embargo, sería injusto decir que se trata de un refrito. La identidad de la historia se configura a partir del foco puesto en la prohibición y el contrabando de alcohol, lo que renueva el archivisto tema del niño inocente que regresa para vengarse.

La serie duró tan solo 12 episodios en los que el protagonista llevó a cabo un tortuoso y oscuro viaje, cruzando líneas morales para las que, de alguna manera ya estaba preparado, y se dio cuenta de que tenía más en común de lo que creía con los mafiosos que odiaba y que le habían arruinado la vida. Y esta misma lección de empatía la tiene su socio y antagonista Nero Vanetti, quien a lo largo de la serie también vive un viaje de desarrollo personal más que interesante.

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Aunque el final es un tanto confuso, es una serie a la que vale la pena dar una oportunidad, pues aunque sea solo como anime, es una propuesta diferente, original y que se sale de la zona de confort fuera de la cual muy pocos se aventuran. Técnicamente está muy bien hecha y ambientada, y los paisajes urbanos están excelentemente construidos, así como los dibujos y los diseños de personajes. Así que denle una oportunidad.

Por Felipe Tapia, un crítico que logra ser tomado en serio pese a su atractivo físico

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