“Desencantada”: Una crítica a la medida del status quo

Para muchas generaciones (Y es que yo no distingo entre millenials, centenials, baby boomers ni generación x, para mí todos son personas), el nombre de Matt Groening es una figura que inspira respeto. Pocos sabrán lo que fue quedarse los viernes en la noche aguantando a Checho Hirane y “Video Loco” solo para ver un episodio más de “Los Simpsons”, a diferencia de ahora, cuando la gente se queja de que emiten cuatro o cinco al día. Groening fue el hombre que orquestó el matrimonio entre animación y temas adultos. Vale, sí se habían hecho un par de cosas interesantes, y hay que recordar que los japos llevaban décadas dándole a la animación el status que merece, pero “Los Simpsons”, “The Critic” y más tarde “Futurama” pavimentaron el camino que recorren “Rick and Morty”, “Bojack Horseman”, “South Park”, “Family Guy”, “Robot Chiquen”, etc. Y por adulto no me refiero a sexo, humor negro y presencia de drogas y alcohol, cosa que sí aparece con frecuencia en la animación para adultos. Me refiero a no tratar al espectador de monitos como un tarado. Que en los episodios de “Los Simpsons” se podían hacer críticas inteligentes a la sociedad norteamericana, la política, la religión, etc. Sin duda que las actuales animaciones para adultos de hoy han optado por derroteros más ácidos y políticamente incorrectos, pero “Desencantada” parece no solo no haber avanzado, sino incluso retrocedido respecto a sus predecesores, optando por lo cómodo y seguro.

“Desencantada” o “Disenchantment” nos narra las arquetípicas aventuras de Beanie, una princesa que no encaja en los estándares de una dama de la corte. El personaje es un cliché por donde se le mire, y pasa por todo, menos por alguien rupturista o contestatario. Es casi como si la serie de Groening nos entregara un refrito hecho a la medida de los gustos del consumidor. En una época en la que la figura de la princesa en apuros está siendo cuestionada y satanizada, el molde de la heroína obedece más a un patrón tipo la protagonista de “Valiente”, Fiona en “Shrek” o cualquier chica que no obedezca al padre, no quiera ser una princesa ni portarse bien. Hasta aquí todo bien, pero el problema es que lo que alguna vez fue rupturista, ahora es un producto digerible y simple. Los japos no, ellos llevan mucha ventaja en lo que a protagonistas femeninas fuertes se refiere. Revisen las películas de Miyazaki. Incluso la Sirenita Ariel tenía esa veta rebelde, que no le hacía caso al padre y deseaba campar a sus anchas. Y bueno, uno esperaría algo más del hombre que reinventó el género de la animación en los 90 ¿No creen?

El concepto de “desadaptado” ha sido uno de los estereotipos más explotados y exprimidos por Pixar, Dreamworks, Disney y prácticamente toda la industria de la animación gringa. Como Ralph el Demoledor, el protagonista de “Bichos” o el viejo de “Up”, el paria siempre ha sido un elemento recurrente en la animación moderna. ¿Por qué Groening se dedica a reciclar un concepto tan mainstream? Porque uno supone que la protagonista busca satisfacer a la audiencia feminista, siguiendo la corriente actual, pero creo que el episodio de “Los Simpsons” de Stacy Malibu es mil veces más inteligente y con una crítica más ácida al sexismo que todo “Desencantada”. Los otros desadaptados son Elf, un elfo que no encaja con los suyos por no querer estar siempre feliz, y Luci, un demonio que se supone es gracioso, y que al parecer es un débil intento por emular la mala leche de Bender de “Futurama”. En resumidas cuentas, esta nueva serie es sátira ácida pero en la medida de lo posible, mediada por Tío Netflix, una audiencia que se sabe con el poder de arruinar carreras por culpa de un twit desafortunado, y la sensible cultura contemporánea.

Otra cosa cuestionable de esta serie es el formato. Es una serie más acorde a las características actuales del mercado: tiene una progresión narrativa en su primera temporada, en lugar de episodios autoconclusivos como las series anteriores de Matt Groening. Y por eso el argumento adolece de la crítica social de las series anteriores, que en cada episodio realizaban una ácida interpretación de la realidad moderna. Aquí el foco no es la crítica sino lo que le pasa a los personajes, sobre todo a Beanie. Pero el humor está orientado más al gag absurdo, tan de moda en las series actuales, que la ironía fina de las animaciones pretéritas del autor. La serie no es nada novedosa, pues la dama que no se comporta como una dama ya es un cliché que recuerda mucho a “Miss Congeniality”, y el escenario solo explota la moda de la fantasía heroica que “Game of Thrones” ayudó a incrementar.

¿Qué puedo decir? “Desencantada” me desencantó (oj oj oj eztoy un balazo pa loz juegos de palabras). Uno habría pensado que esta era la oportunidad de Groening de irse por la puerta ancha del negocio. Algo así como la tercera parte de una trilogía en la que “Los Simpsons” son el presente, “Futurama” el futuro, y el medioevo de “Desencantada” el pasado de un universo sumamente creativo. Pero no es así. Quizá tenemos parte de la culpa y tenemos estándares demasiado altos del autor. Algo así como lo que decía este artículo de Juan Carlos Berner en el que explicaba por qué le exigimos tanto a “Star Wars”. De Matt Groening siempre vamos a esperar mucho, y francamente esta vez no dio el ancho.

Pero sería injusto darle la espalda al autor a estas alturas. Es cierto, de la temporada 12 en adelante “Los Simpsons” son basura. Pero cuando llegue el día en que Matt Groening nos deje, y hagamos una recapitulación de su obra, no podemos enfocarnos en lo malo. Deberá ser juzgado por sus momentos más altos, no los bajos. Por su época dorada: “The Critic”, las primeras temporadas de “Los Simpsons” y “Futurama”. No juzguemos al genio por “Desencantada”, porque sería como juzgar a Caszely por el penal, a los Beatles por “Obladi Oblada” o a Metallica por “Load”.

Por Felipe Tapia, el crítico que te inspira ternura y ganas de apapacharlo

Autor: Cine

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