Crítica “The Square” ¿Qué es el arte?

Vivimos en una era de hipersensibilidad en la que se intenta ocultar todo lo incómodo, ofensivo y todo lo que nos saque de la zona de confort. El arte ha sido relegado a una función moralista y didáctica, y la censura, en lugar de provenir de aparatos siniestros y verticales, proviene del mismo consumidor, que ve el arte como un producto que debe ajustarse a sus requerimientos. Con esa premisa arranca “The Square”, película sueca dirigida por Ruben Östlund y que está nominada al Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera.

Christian trabaja en una galería de arte moderno, en la que parece que lo mediático y publicitario vale más que la calidad artística de las obras. Ahora, por supuesto que medir la calidad de una obra pasa por criterios estéticos bastante subjetivos, y por la destreza técnica del creador. El arte moderno se enfoca más en lo primero. Por ejemplo, en la cinta hay una obra compuesta de montículos de arena, y cuando alguien la limpia, deciden volverla a armar, sin que nadie se dé cuenta. Si tienes don del blabla y haces una buena campaña publicitaria, un envase de shampoo podría pasar por arte. Con esto no quiero caer en el discurso reaccionario y amargado de “esto no es arte” o “mi hermano chico dibuja mejor que Picasso”, porque para mi juicio personal lo importante es que haya una respuesta estética en el receptor (Por eso me gusta más la música de Kurt Cobain que la de Joe Satriani). “The Square” analiza, sacraliza e ironiza con el tema del arte, y el mundo que circunda a esta galería moderna poblada de snobs, intelectuales y groupies.

La obra que da título a la película consiste en un cuadrado, uno tan simple que podría haberlo dibujado usted o yo, y se hace una campaña viral en la que se hace explotar a una niña, lo que desencadena la furia de las redes sociales. Sí, la misma chusma moralista y ultra conservadora que uno suele ver en Internet quejándose del lenguaje poco inclusivo o de que se normalizan conductas a su parecer nocivas, es el villano de esta película. Los mismos que prohibían el álbum “Basuritas” (Toy viejito) en el pasado y que culpaban a Batman y Robin de promover la homosexualidad, ahora cuentan con una plataforma que los multiplica y los hace parecer más ruidosos, ondeando falsas banderas de justicia, multiculturalismo y tolerancia. Lo peor es que, como confirma “The Square”, las instituciones les hacen caso, y cada vez más se someten al criterio del tonto del pueblo, según Umberto Eco, porque finalmente el mercado manda, y si al consumidor no le gusta, la galería podría cerrarse por presión.

El director nos plantea el siguiente dilema: una obra que deja que el receptor construya el dicurso implícito en lugar de explicarse sola ¿No es vulnerable al criterio y juicio del consumidor de turno? Si el receptor es tonto, la obra también lo será. El arte moderno, normalmente minimalista y errático, busca una interpretación más libre, lo cual puede ser en ocasiones muy bueno, pero muchas veces caemos en el cuento de “El nuevo Traje del Emperador”. Es decir, si digo que solo veo un simple cuadrado van a pensar que soy un pelotudo, mejor digo que es una reinterpretación de los cánones burgueses de la sociedad contemporánea. Al final, la campaña publicitaria sobre la obra es más importante que la obra en sí misma, como vemos en la historia.

Mientras todo esto pasa, Christian debe lidiar con sus problemas personales, que también están ligados al arte como una forma de revolucionar los convencionalismos y sacarte de la rutina: Primero es engañado con una seudo performance en la que le roban su celular y billetera, y luego él mismo lleva a cabo una acción de arte revolucionaria para recuperar sus cosas, sin advertir que con su ingenioso método perjudica a terceros, trazando una ingeniosa ironía, al plantearnos el arte como una forma de vida, que no solo está dentro de las galerías, sino en gran parte de nuestras acciones. Básicamente, que el arte es una actividad comunicativa que busca remecer al público, al ciudadano burgués común, pero si por el contrario se ve obligado a someterse a los parámetros moralistas en lugar de operar con libertad, difícilmente podremos estar hablando de arte, y estaremos ante un objeto de consumo facilista, mediocre y conformista, como gran parte de las obras políticamente correctas de hoy en día. Christian logra una respuesta dentro y fuera de la galería, y tendrá que lidiar con las consecuencias en ambos escenarios.

“The Square” es una película sumamente interesante y bien contada, tremendamente pertinente a los tiempos que corren (Tanto como “Una Mujer fantástica”, me atrevería a decir), pues estamos viviendo una época en la que la definición de arte está sujeta a criterios mucho más elásticos y volubles gracias a la democratización de las redes sociales (En las que ya no somos un público solo receptor, sino también productor y crítico de contenidos); y en la que los límites estéticos y morales de la obra se rigen más por el consumidor que por el artista.

Por Felipe Tapia, el crítico que se toma el agua del bong

Autor: Cine

Compartir este post

Comentar

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *