Crítica “Loveless”o “Sin amor”: El Silencio desesperante

¿Qué pasa en una familia cuando se vive una crisis? Probablemente los lazos se afianzan, los miembros se apoyan los unos a los otros, y se fortalecen. Pero cuando el núcleo familiar se ha roto ¿Cómo hacen personas que se detestan para afrontar la crisis? Esa es la temática de “Loveless”, cinta rusa nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera.

En el año 2012, cuando se creía que iba a ser el fin del mundo (No se haga, usted también lo creyó), un matrimonio se despedaza. Zhenya y Boris se casaron sin quererse, por mera cuestión práctica. El hijo que concibieron sin amor ha recibido toda la frialdad y violencia pasiva de unos padres indiferentes e irresponsables. A ninguno le interesa quedarse con el niño, y lo ven como una molestia para seguir adelante con sus vidas. Incluso la principal preocupación de Boris es que en su trabajo no sepan que se está divorciando, pues pueden echarlo. De pronto, el hijo, Aliosha, desaparece.

La película es digna de Andrey Zvyagintsev, y arrastra un pesimismo y oscuridad que hacen palidecer a su filme anterior, “Leviathan”, cuya crítica puedes leer en este link. La historia dura poco más de dos horas y está repleta de silencios incómodos, casi no hay música, lo que produce una sensación angustiante y una atmósfera tan tensa que puede ser cortada con un cuchillo (Lo siento, me pude ahorrar ese lugar común, pero es que aquí venía como anillo al dedo ¿Vieron? Ese fue otro). A partir de este momento, la película se centrará en las relaciones entre los personajes, que no se soportan, pero se ven obligados a colaborar por un fin común. Da la sensación incluso de que la búsqueda de Aliosha, más que desesperada, es porque es lo que corresponde hacer. No es que los padres no quieran al niño o les dé lo mismo, pero la angustia y el dolor son emociones que se retratan a la par que la incomodidad.
Aliosha es el resultado de una crianza sin amor, y ambos padres son mostrados como egoístas desde un principio. Es difícil que alguien pueda ser indiferente a la idea de un niño que no se siente querido o importante para sus padres, de quienes solo conoce el odio, frialdad y resentimiento. Al igual que “Leviathan”, la historia central es una metáfora para criticar a las estructuras sociales, como la familia, la sociedad y otros aparatos. Al ser incompetentes tanto la familia como los aparatos estatales y la policía para lidiar con la crisis, toma el mando una organización sin fines de lucro de búsqueda de desaparecidos, mucho más conscientes que los padres. Uno esperaría, como lo harían en un cliché hollywoodense, que Boris y Zhenya harían a un lado sus diferencias para encontrar a Aliosha, pero por el contrario, estas diferencias se acentúan y recrudecen en la crisis.

La interpretación de la ex pareja es abrumadora. Uno de verdad los ve y no puede evitar preguntarse ¿Cómo dos personas que se odian tanto pudieron casarse? ¿Cómo es que se llevaron alguna vez bien? ¿Y cómo se les ocurrió traer al mundo a un hijo?

A pesar de todo es difícil odiar a la pareja, porque uno ve que no son malas personas, son seres humanos con flaquezas comunes como las de uno, y uno puede ver su dolor y confusión, y de verdad uno desea que todo termine bien y que finalmente logren alcanzar la felicidad que los elude. Y es que estamos ante un drama sumamente humano, que no por nada ganó el premio del jurado en el Festival de Cannes, y que podría perfectamente ganar el Oscar, porque es uno de los mejores trabajos del director ruso, quien se destaca por escenarios y estéticas excelentes en todas sus películas. Sin duda, un imperdible para ver.

Por Felipe Tapia, el crítico que hace todo al tuntún

Author: Cine

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