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Crítica de “Es solo el fin del mundo”, cuando volver no siempre es la mejor opción

Louis (Gaspard Ulliel) regresa a su hogar materno después de 12 años de ausencia. Es un exitoso escritor homosexual de 34 años que vive en el extranjero, y que regresa con la más amarga misión que pudo presentarle la vida: comunicarle a su familia que está enfermo y va a morir.

Su familia está compuesta por una serie de personajes dispares, complejos y con sus propios terrores interiores: la madre, una mujer sesentera, viuda, que asumió hace rato, y lo más probable en el momento en que falleció su marido, que los hijos ya están criados y ya no importa más nada, solo vivir; Antoine (Vincent Cassel) hermano de Louis, un hombre cuarentón que vive inmerso en su propio fracaso, un tipo duro y cruel, infeliz, sin hijos, y que no duda en oponerse a la visita de su hermano; Suzanne (Léa Seydoux), la hermana menor que tenía solo 12 años cuando Louis dejó el hogar, una chica drogadicta y que no hace nada por la vida más que enfrentarse en fuertes y groseras discusiones con Antoine; y por último, Catherine (Marion Cotillard), la esposa de Antoine (sí, Antoine y su mujer viven en la casa de la madre de éste, para intensificar más la sensación de fracaso del tipo) , quien resulta ser el integrante más cuerdo de todos (o con menos demonios internos) y la que logra tener una comunicación más cordial y sincera con Louis.

El film es una película francesa de tomo y lomo: tiene una textura cálida, incluso en los momentos tensos, grafica en forma simple, honesta y contundente la relación entre los personajes, utiliza recursos ambientales para generar incomodidad o tranquilidad en sus imágenes, tiene un cuidado guion y ningún diálogo sobra.

Es compleja desde ese punto de vista, pero transcurre simple. Es grosera, pero elegante. Es fría, pero también cálida. Pero por sobre todo es incómoda, y eso se nota, se palpa, se oye, se siente. No puedes quedar ajeno al drama familiar que hay detrás, la ira, pena, envidia y rabia que se manifiestan en las escenas, la mezquindad y el orgullo que inundan la pantalla a lo largo de todo el film.

Esta película está dirigida por el canadiense Xavier Dolan, quien es actor, guionista y director. También escribió el guion para este film. El hilo conductual es acertadísimo, y tiene problemas en algunos ángulos en los cuales podría sacar más provecho de los personajes. Sin embargo, dirige de forma acertada y con mucho cuidado de la luz.
La música es un gran aliado de la película, y está a cargo del músico francés Jean-Pierre Arquié.

Pero lo que más destaca del film son las actuaciones. No tiene puntos bajos. Todos están soberbios, creíbles, siempre dan la sensación de ser una familia por dispar que sea cada uno en su yo interno. Ulliel con su silencio, Cassel con su explosión, el yin y el yang pero que no logran encajar. Impecable los cometidos de cada uno de ellos.

Muy recomendable para los amantes del cine francés, los fans de Cassel, Seydoux y Cotillard (que son varios), y para los que de masoquistas ven dramas familiares que no son suyos, como si no bastara con los propios.

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