Crítica de cine: “X-Men: Días del futuro pasado”

En un futuro no muy lejano, el mundo está completamente devastado por la guerra. Un pequeño grupo de Hombres X ha logrado mantenerse a salvo, utilizando una singular estrategia: hacer que uno de ellos vuelva unos días en el tiempo y así prevenirlos del próximo ataque de los centinelas, robots que son capaces de adaptarse a las habilidades de los mutantes y, por lo mismo, máquinas extremadamente peligrosas. Los centinelas han diezmado a casi toda la población mundial, tanto a mutantes como a humanos. El Profesor X y Magneto logran unirse a este grupo y les proponen que uno de ellos viaje hasta 1973, cuando todo comenzó, y así prevenir la guerra desde su génesis. El viajero en el tiempo será Wolverine, y su primera misión será convencer a un joven profesor Xavier a ayudarlo a cambiar la historia.

Así comienza “X-Men: Días del futuro pasado”, la séptima entrega cinematográfica de la saga “X-Men”, de la cual han habido cintas con calidades disímiles. Después de las dos primeras, que dejaron muy contentos a los fans de los súper héroes, vino una larga lista de películas que mayoritariamente decepcionaron al público, o al menos no cumplieron con las altas expectativas que levantaron ” X-Men” (2000) y ” X-Men 2″ (2003), ambas dirigidas por Bryan Singer, el mismo que se pone tras la cámara en esta nueva entrega.

La única excepción entre esta larga lista de filmes (ya que re encantó al público) fue ” X-Men: Primera generación” (2011), que nos llevó a conocer los orígenes de la historia de amistad y desencuentro entre los dos grandes protagonistas de esta historia, el Profesor X y Magneto.

Con “X-Men: Días del futuro pasado”, se retoma el rumbo original de las dos primeras cintas, nos encontramos con una excelente película, ágil, con una trama relativamente compleja (pero no tanto como para perderse) y en la cual se unen perfectamente todos los universos y personajes que aparecen en todas las películas anteriores, más algunos nuevos. No es poco mérito el de los productores el haber mantenido a casi todos los actores que han participado en una franquicia que partió hace 14 años, y sin tener que reemplazar a un sólo personaje con otro intérprete.

Durante las poco más de dos horas que dura el largometraje, que se pasan volando por cierto, hay varios flashbacks con escenas de las otras películas de “X-Men”, lo que ayuda a darle coherencia a toda la saga y, por supuesto, a esta historia que nos traslada del futuro al pasado en varias ocasiones. Además estas escenas serán la delicia de los fans que reconocerán cada uno de esos momentos.

Uno de los logros, en el cual se nota el control de Bryan Singer como director, es construir una película coral donde todos los personajes son importantes. Incluso los que aparecen en una o dos escenas son vitales para el desarrollo de la trama, por lo tanto, queda la sensación de que pese a tener a más de veinte personajes en escena, todos tienen una misión que cumplir, como en un juego de ajedrez donde cualquier peón puede hacer el jaque mate.

Dentro de la factoría de Marvel, la saga “X-Men” se ha caracterizado por ser la más alejada de la comedia, en contraposición por ejemplo con “Iron Man”, donde los chistes de Tony Stark están a la orden del día, aunque el humor no falta en esta película y el personaje que más risas sacará en el público será sin duda Quicksilver. El humor entonces, es otro elemento que funciona bien, como ha sido la tónica en estas cintas.

También es grato volver a oír la melodía de “X-Men 2” compuesta por John Ottman, un músico que ha trabajado en muchas ocasiones con Bryan Singer y cuyo trabajo nos recuerda mucho al estilo del gran John Williams (“Star Wars”). No hay que olvidar que fue Ottman quien compuso la banda sonora de “Superman Returns” (2006) y le dio continuidad al mítico trabajo de Williams.

“X-Men: Días del futuro pasado” es sin duda una de las mejores películas de súper héroes que se han hecho hasta ahora. Una película de aquellas donde se nota que el director conoce muy bien el universo que está narrando y los actores se sienten cómodos trabajando; una sensación que traspasa la pantalla.

Una historia que lejos de acabarse promete mucho más para el futuro, como lo hizo en el pasado.

© Juan Carlos Berner

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