Crítica de cine: “Wolverine Inmortal”. Decepción a cuentagotas

Cuando los “X-Men” eran el patito feo de Marvel, y la colección estaba destinada a desaparecer, un cambio en el reparto transformó su suerte y los catapultó a ser la colección más vendida de La Casa de las Ideas. Entre el nuevo reparto estaba Wolverine, que por ser uno de los primeros antihéroes, carismático y con un código de moral ambiguo y distinto para la época, se volvió sumamente popular. A finales de los 70 y principios de los 80, Wolverine, Lobezno, Guepardo o Aguja Dinámica, como ha sido traducido en distintos medios, se ganó el privilegio de tener su propia miniserie de cuatro números, escrita por Chris Claremont y dibujada por Frank Miller. Sí, el de Sin City y 300.

La película “Wolverine Inmortal”, recientemente estrenada, tomó varios elementos de aquel mítico comic que ayudó a darle forma y perfilar al personaje, que no pasaba de ser un malhumorado errático hasta entonces, y lo insertó en un mundo de samuráis, artes marciales y honor. Lo bueno de tener un personaje casi inmortal o que ha vivido mucho, es que permite desarrollar muchas facetas. Así, Wolverine ha sido asesino a sueldo, conejillo de indias, agente secreto de la CIA, soldado, y hasta samurái. La película toma distintos elementos del imaginario japonés del subuniverso Wolverine, como Mariko Yashida, Yukio, Viper, Silver Samurai, Kenuchio Harada, y el padre de Mariko, ahora ordenados de manera distinta a la historieta. Otra cosa importante es que la historia está enmarcada en la continuidad de la trilogía “X-Men”, y es prácticamente una secuela de esta saga, con Jean Gray incluida.

La película arranca con una secuencia bastante idéntica al comic en que presuntamente estuvo basada, mostrándonos a Wolverine en Canadá, haciéndose cargo en un bar de un grupo de cazadores irresponsables que dejaron herido y furioso a un oso Grizzly de las montañas. Aquí la película comienza a distanciarse del producto original, lo que en ningún caso es algo malo, tampoco esperábamos un calco del comic.

Wolverine conoce a Yukio, quien le pide que la acompañe a Japón para encontrarse con un viejo amigo, a quien rescató de la bomba de Nagasaki hace varios años. Logan acepta y rápidamente se va introduciendo en una historia de conspiraciones políticas, luchas por el poder, herencias, yakuzas y otros ingredientes que la vuelven bastante entretenida y dinámica. Poco a poco, Wolverine se va dando cuenta de que mucha gente está interesada en su habilidad para regenerarse, y deshilvana un berenjenal familiar de mucho cuidado. Conoce a la bella Mariko Yashida, y decide protegerla, pese a que había decidido no jugar nunca más al héroe, luego de lo acontecido con Jean en “X-Men: The Last Stand”.

Acá empieza lo malo: la historia arranca muy bien, sin embargo, comienzan a prevalecer las escenas de acción, que incluso para ser una película de superhéroes, resultan demasiado hiperbólicas, sobre todo en un personaje como Wolverine, que no es tan poderoso, y uno lo relacionaría más con Batman que con Superman. La historia tiene varios villanos que en algunos momentos se entorpecen unos a otros, pues cada uno persigue a la pareja protagonista con propósitos que inevitablemente terminan cruzándose, enredando más que aclarando los objetivos de cada uno. Hay momentos incluso en los que uno no entiende por qué tal ayuda a cual, siendo que no obtiene ningún beneficio por ello.

La emoción e interés inicial terminan desinflándose progresivamente hasta una conclusión más efectista que sólida, con demasiados giros imprevistos y la aparición de un robot gigante que no aporta mucho, y no porque sea una licencia respecto al Silver Samurai original, sino porque acaba con la muy bien lograda atmósfera japonesa que había logrado el filme. Que es precisamente lo penoso de esta historia: Contaba con todos los elementos para ser una película memorable, sin por ello tener que ser una copia exacta del comic, pero la desaprovechó. Pudo haber desarrollado de manera más profunda la idea de que Wolverine es un personaje sufrido, condenado a vivir más que el resto, y con poca capacidad para crear lazos, pero no logran conjugarse estas ideas con la acción, las garras y las patillas.

De cualquier modo, sigue siendo mucho más digna que “X-men origins: Wolverine”, ya que la película no es una excusa para mostrar personajes del comic, y tiene una historia mucho mejor lograda, a pesar de que va destiñendo a lo largo de las dos horas diez que dura. Otra razón para verla es que esta es una película precuela, debido a que luego de los créditos hay una escena que probablemente despertará la curiosidad y encantará a los fanáticos de la trilogía, abriendo un camino para una nueva historia con viejos personajes.
Cuesta mucho emitir un juicio conociendo el producto original y sus personajes, pues inevitablemente se terminan identificando las licencias creativas, como el poder de Yukio o la relación entre Mariko o Harada. Por eso, esta crítica podría desalentar a más de alguna persona interesada netamente en la película y no en el cómic, lo cual resulta más que probable, considerando que estamos hablando de una historia publicada hace décadas, por lo que invito a formarse su propia opinión con respecto a Wolverine: Inmortal.

© Por Felipe Tapia, un crítico que te puede llevar a los lugares más recónditos de la imaginación y lujuria, algo que jamás has experimentado

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