Zulu

Crítica de cine: “Operación Zulu”

Cuesta mucho hoy en día darle en el gusto a todos. En los tiempos conflictivos que corren, en los que los contenidos son eternamente cuestionados, es difícil realizar una película que sea realista y a la vez políticamente correcta. “Operación Zulu” desarrolla varios estereotipos que uno podría considerar ofensivos, como el exceso de personajes negros delincuentes, traficantes y sin escrúpulos,  en comparación a los personajes blancos, pero cuando la historia transcurre en Sudáfrica cuesta retratar una realidad que lamentablemente, involucra a las personas oriundas. La cinta nos restriega en la cara las consecuencias del Apartheid, que dejó tras de sí diferencias de clase, mucha droga, delincuencia y conflictos que solo fueron posibles gracias a la irrupción del hombre blanco en el continente africano.

Una historia que combina el género policial con la política, nos muestra a personajes bastante tópicos del género, como el policía que tiene la mansa cagaita en su vida personal, ambiguo moralmente y antiheroico, y el policía correcto, que sigue las reglas y quiere a su mamá. Obviamente estas caricaturas son un retrato de la idea que desarrolla el filme, centrada en si los pueblos oprimidos por el Apartheid deberían perdonar a los hombres blancos que cometieron atrocidades, o cruzar esa delgada línea entre la justicia y la venganza. Por supuesto, a lo largo de la película nos daremos cuenta de que la maldad está en el corazón de negros y de blancos, y también de que los ideales pacifistas de Nelson Mandela pueden sonar muy bonitos en una imagen de Facebook, pero contextualizarlos en los duros tiempos que corren, es algo bastante más difícil,  sobre todo si te afecta directamente.

Una cosa es tener creencias idealistas, y otra muy distinta es mantenerte firme a esas creencias una vez conoces de primera mano las atrocidades de la que pueden ser capaces algunos hombres, y perder a un ser querido o una mala experiencia puede arrastrar al alma más benevolente a un lodazal de venganza y pasión del que nadie está libre.

Obviamente cuando se trata de la teoría, la mayoría se inclina por el pensamiento políticamente correcto: no mancharse las manos con la venganza, perdonar para no llenarse de odio, la venganza nunca es buena mata el alma y la envenena, todos ideales conocidos y que Nelson Mandela y Don Ramón se han encargado de propagar como mensaje humano universal. Pero en la práctica, la cosa cambia, y “Operación Zulu”  nos muestra que no todos son Nelson Mandela, y que perdonar y olvidar es algo sumamente difícil y que requiere un alto grado de superioridad moral, que la mayoría no ha alcanzado ¿El dejar pasar los agravios cometidos a nuestros seres queridos nos convierte en mejores personas, o por el contrario, nos vuelve apáticos y pasivos frente a la impunidad? Ciertamente es una de las ideas desarrolladas en el filme, y podría ser aplicada incluso en el contexto de Chile las últimas décadas.

Drogas, sexo, armas químicas, bandas callejeras, asesinatos a sangre fría y una realidad sórdida para nada suavizada, posicionan a la historia en una especie de novela naturalista que desnuda y denuncia los problemas sociales de una humanidad enferma y decadente, a través de una película que recoge tópicos que a muchos les podrían recordar “True Detective”, “Twin Peaks” y hasta “Río Místico”, sin por ello ser un refrito de las historias mencionadas, pues se trata de una película sumamente original y auténtica.

Por Felipe Tapia, “Señor Crítico” para ti, y la boca te queda donde mismo.

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