Esta columna podría titularse “Mis problemas con la Bella y La Bestia”, pero quiero evitar malas interpretaciones, esquivar la práctica “haz click en la nota y entérate de bla, bla, bla” y abordar el tema con calma. Despejemos las principales dudas de todo espectador ¿Es una mala película? No. Si tuvieras que elegir entre esta película y la animada ¿Cuál eliges? La animada. ¿Podría haber sido peor? Sí, pero también podría haber sido mejor.

Están los que odian el cine Disney, los que lo aman y yo, alguien que creció adorándolo, coleccionando figuritas y que incluso tiene un tatuaje inspirado en una de sus películas, así que esta crítica está lejos de ser una declaración anti Disney. Alguien podría decir que con esos antecedentes es difícil que exista objetividad en el análisis de esta película, a ese alguien habría que explicarle que la objetividad no existe y también que es posible separar el cariño del análisis efectivo de los logros y desaciertos de una obra.

Partamos con los logros: Emma Watson como Bella es todo lo que esperábamos de la actriz y con una frase tan simple como “Nadie puede ser feliz si no es libre”, sabe sacudirse inteligentemente las acusaciones pro Síndrome de Estocolmo que por años se le han adjudicado al cuento. Otra necesaria actualización que vale la pena aplaudir es la publicitada incorporación de un personaje secundario con un interés romántico abiertamente homosexual en la trama, el que en un inicio se siente algo forzado y caricaturizado, pero que en el transcurso de la película es tratado con la naturalidad que cualquier personaje y relación amorosa merece. Por último, y créanme que desearía de corazón existieran más aciertos, al menos dos números musicales se sienten genuinamente inspirados y efectivos, lamentablemente entre estos no se encuentra “Be our Guest”.

Vamos ahora con los desaciertos: La dirección, Bill Condon (Gods and Monster, Dreamgirls) está lejos de entregar un trabajo óptimo. En comparación con los últimos live action desarrollados por Disney, “La Cenicienta” de Kenneth Branagh y “El Libro de la Selva” de Jon Fraveau, allí donde sus antecesores lograron poner su sello y mostrar algo muy cercano a una mirada de autor al momento de revivir ambos clásicos, el director se entrampó entre su interés por ser fiel al producto original y la ansiedad por agregar nuevos elementos, generando una película que nunca fluye con naturalidad. La cinta se alarga innecesariamente, superando las dos horas y nunca se siente como un todo, por un lado están los números musicales, por el otro la historia y por otro el amplio despliegue de efectos especiales.

Los efectos especiales vuelven todo más complejo, recargado e “inanimado”, curiosa palabra para referirse a una película que trata de homenajear, actualizar y superar a una animación de 1991; la utilizo porque es la mejor manera de explicar la ausencia de magia en personajes tan entrañables como el candelabro Lumière, el reloj Ding Dong, la maternal Tetera Potts y el pequeño Chip. Entre la dirección de arte, la de actores y el CGI final, la magia simplemente desapareció. Uno de los segmentos más dolorosos de ver, es la clásica escena donde todos los “muebles encantados” le cantan a Bella mientras celebran tenerla como huésped, no importa cuánto traten de copiar la coreografía animada, el resultado es un ruido visual inentendible, la mirada de Emma Watson nunca logra coincidir con el baile de los utensilios de cocina y “Be Our Guest” termina siendo una canción más en una larga lista de números musicales.

Podría seguir, hablar detalladamente sobre la falta de inspiración y delicadeza con los momentos más emotivos y cruciales de la historia, la muerte de la bestia y su posterior transformación nunca se sintió más apurada y fría, pero es más sencillo (y menos doloroso) resumir todos los problemas de la cinta en lo siguiente: La magia nunca llega y la película se vuelve un trámite; es la misma historia, son las mismas canciones, pero el todo simplemente no funciona.

Para finalizar, me hago cargo de mis palabras, en el primer párrafo de esta columna dije que NO era una mala película y lo mantengo. Es posible disfrutar varias secuencias de la nueva “Bella y la Bestia”, tararear las canciones y suspirar cuando Bella baja las escaleras usando el icónico vestido amarillo, espero de corazón que todos los fans logren encontrar algo de eso en la sala de cine, pero es necesario estar conscientes de que lo más probable es que esa emoción venga del recuerdo de la versión animada y no de lo que están viendo en pantalla.

Por Ángela Díaz

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