De los cuatro libros protagonizados por Robert Langdon, “Inferno” es el último y el que menos le gustó a la crítica literaria, aunque eso no impidió que de todas formas fuese un éxito de ventas.

En mi humilde opinión, “Inferno” (seguimos hablando de los libros) es superior al menos a “El Símbolo perdido”, novela que considero la más débil de la saga. Y al parecer los productores cinematográficos comparten mi criterio, y por eso decidieron no llevar esta novela al cine y se saltaron directamente a realizar “Inferno”, la película que analizamos a continuación.

En esta ocasión, la historia comienza con el profesor Langdon (Tom Hanks) inconsciente en un hospital. Tiene una herida en la cabeza y ha perdido la memoria. Junto a él está la dra. Sienna Brooks (Felicity Jones), quien aparentemente lo conoce bastante bien. De pronto, una mujer entra disparando y los obliga a huir juntos. El confundido profesor no entiende por qué está en Florencia (Italia), ni por qué está herido, ni las razones por las cuales tiene un pequeño proyector de bolsillo en el cual se puede ver un cuadro que representa el Inferno del Dante. Poco a poco, el académico de Harvard descubrirá que está metido en un nuevo lío que podría afectar a todo el planeta, pues la amenaza ahora es un virus letal.

Si han visto las otras películas de la misma saga, es decir, “Ángeles y demonios” y “El Código Da Vinci”, encontrarán que “Inferno” es mucho más acelerada y ágil que sus predecesoras. En esta película la cámara se mueve frenéticamente, tratando de poner al espectador en el lugar del protagonista, que está confundido, alucinando, y que lo único que tiene claro es que quedan pocas horas para salvar al mundo.

Esta velocidad en los cortes, sumada a los movimientos de cámara bruscos y las muy bien logradas alucinaciones de Langdon del Infierno, hacen que la película se pase muy rápido (lo cual es algo bueno), pero al mismo tiempo hacen que la cinta pase por alto muchos detalles; Hay muchas cosas que no se explican bien o no se alcanzan a apreciar en un primer visionado del filme, algo que sí se podía en las películas anteriores.

Como siempre, Langdon está acompañado de una mujer en su aventura, y en esta ocasión Felicity Jones tiene un papel mucho más activo y protagónico que sus predecesoras; a veces es ella quien lleva la historia. El personaje de Sienna Brooks es mucho más llamativo y tridimensional que el de la doctora Vetra por ejemplo (“Ángeles y demonios”), lo cual es otro punto a favor en el filme.

En cuanto a la historia de “Inferno”, está marcada por una amenaza a nivel planetaria relacionada con la sobrepoblación mundial, un fenómeno real y cada vez más cercano, del cual ya empezamos a sufrir sus efectos. Esto hace la historia más realista pero tal vez menos sabrosa. Al parecer al público le llama más la atención las intrigas relacionadas con la religión que un posible desastre mundial debido a la sobrepoblación. Claro, el fenómeno aunque es muy real, es demasiado racional, y como ya hemos analizado en otras ocasiones, el público empatiza con el cine por la emoción y no por la razón.

Si bien es cierto que me parece que hay que juzgar a la película por sí misma y no compararla con el libro que la inspira, lo cierto es que en esta adaptación se cambiaron varias cosas importantes, elementos que a mí parecer funcionaban muy bien en el libro y que por alguna razón los productores decidieron cambiar, probablemente porque las implicancias morales del libro eran demasiado complejas y se buscó hacer algo más de acuerdo a la típica moral hollywoodense.

Estoy bastante seguro que esto producirá alguna decepción en los fans del libro. De hecho personalmente me quedaré esperando alguna explicación del por qué de estos cambios, que solo debilitan el filme.

Sumando y restando, “Inferno” es una película entretenida, que mantiene la mayoría de los elementos que gustan de las historias de Dan Brown, pero que lamentablemente es la más débil de la trilogía protagonizada por Robert Langdon. Yo al menos me quedé con gusto a poco.

Por Juan Carlos Berner

En Twitter: @jcbernerl