Crítica de cine: “El pasado” de Asghar Farhadi

Socialmente hablando, la palabra familia suele tener solo connotaciones positivas. Lo mismo con sus integrantes: hijo, madre, padre, rara vez se asocia alguno de estos conceptos a algo negativo. Y cómo no, si la familia es la base de una sociedad que la mayoría se esfuerza por mantener. El Pasado obliga a definir estas palabras desde una óptica nueva, en la que la familia puede ser la causa del adulto en el que te convertirás veinte años más tarde, para bien o para mal.

La nueva película de Farhadi (En realidad, última más que nueva, es del 2013) confirma el hecho de que el conflicto es la base de toda narración. Acá, la palabra conflicto es llevada a su acepción más extrema, relatándonos los problemas de una familia disfuncional y los involucrados secundarios y terceros.

Lo inteligente de la historia es que se basa en los afectos no del tipo familiar, sino emocional. El personaje Ahmad tiene todos los motivos para que los problemas de su ex esposa y la hija de esta le importen un comino. Él ya no tiene nada que ver con esa familia con la que no posee ningún vínculo sanguíneo. Sin embargo, es la única pieza que logra mantener unida la compleja y enclenque maquinaria  familiar. No hay nada que le obligue a participar de una dinámica tan destructiva, sin embargo, lo hace. No porque le interese recuperar a Marie, su ex, sino simplemente por empatía y buena voluntad (Y claro, tampoco tiene dónde dormir).

A menudo, las películas sobre problemas familiares se basan en la idea de que uno está amarrado a su familia lo quiera o no, y aunque existan afectos y vínculos de tipo emocional, la sangre siempre es lo más importante. Sin embargo, esta es una película en la que la sangre no constituye el eje fundamental de la trama. Ahmad no solo es el único capaz de entenderse con Lucía, su ex hijastra, sino que además termina involucrándose en los problemas Fouad, el hijo de la actual pareja de Marie, Samir, e incluso también trata de ayudar a este último.

La relación entre Marie y Samir, el problemático Fouad, la desaprobación de Lucia al matrimonio de su madre, la compleja condición médica de la esposa de Samir (Personaje que está presente toda la película a pesar de no estarlo) y los trapitos sucios de la acabada relación de Ahmad y Marie, un occidente y oriente irreconciliables, se alían para entregar una película entretenida, a ratos desesperanzadora, agobiante e intrigante, y por qué no decirlo, algo telenovelesco y melodramático. Aunque el conlficto real tarda bastante en presentarse, cuando lo hace explota en la cara, sin piedad e impactantemente.

Como espectadores nos hemos acostumbrado a que el conflicto sea entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, el que destruye y el que protege. En esta historia no hay buenos y malos, protectores y destructores:  el que te quiere puede ser el que te cause más daño, y aquella persona a la que quieres fuera de tu vida puede ser fundamental para lograr unir las piezas y encontrar la realización personal y felicidad. El futuro es lo que queremos, lo que anhelamos, el pasado es lo que buscamos apartar, dejar atrás. Acá el antagonista es el pasado que vuelve para entorpecer los planes para el futuro que tiene Marie para los suyos, sin embargo, este mismo pasado antagonista se puede volver un aliado inesperado.

A pesar de que la cultura popular se ha esforzado en imponernos una idea de familia idealista, convencional e irreal, con una padre y una madre, problemas que se resuelven con facilidad, madres abnegadas, hijos intachables, y nada lo suficientemente grave como para no ser solucionado con una empalagosa moraleja final, El Pasado acaba con todos esos mitos occidentales y nos muestra seres humanos reales, casi demasiado reales, con los que estamos obligados a convivir. Incluso el mundo en el que se mueven es realista, no es un escenario como los de las teleseries a los que estamos acostumbrados.

¿Qué puedes hacer cuando sabes que alguien cercano a ti te hizo algo sumamente horrible y debes seguir viéndolo? Obviamente no puedes matarlo, y difícilmente dejarlo de ver. La impotencia es aún mayor cuando eres menor de edad y no posees los medios para mandarte a cambiar y mandar a freír monos a ese ser cercano, porque sigues dependiendo de él.

¿Qué es lo que hace a una familia que lo sea? ¿El vínculo sanguíneo? ¿O quizás la abnegación, la capacidad para apoyar a alguien a pesar de que te esté pidiendo el divorcio para estar con otra persona? La sociedad individualista comúnmente nos está diciendo que vivamos nuestro metro cuadrado, que no nos involucremos más de la cuenta, incluso que debemos alegrarnos porque hay gente a la que le va peor que a uno. Ahmed no lo hace. Y posiblemente, eso lo convierte en el miembro más importante de la familia que integra. No es un héroe, porque no está ahí para resolver los problemas sino para complicarlos más, tampoco es un villano. Solo es un integrante más.

El Pasado es una película altamente recomendable para los que busquen una historia bien contada y  distinta, pero no tan distinta, entre tanta papanatada hollywoodense, repetitiva y digital. Eso sí, prepárese para dosis industriales de melodrama. Y si usted tiene una familia problemática y desea otro ejemplo peor para compararla y no sentirse tan mal, esta también es su película.

© Por Felipe Tapia, trabajando (Aunque no tanto tampoco) para usted.

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