Crítica de cine: “El juego de Ender”

En un futuro relativamente lejano, la Tierra es invadida por una raza alienígena llamada “los insectores”. Los humanos logran expulsar a los enemigos, pero se pierden millones de vidas. 50 años después, las fuerzas militares terrícolas preparan una ofensiva contra estos alienígenas, pues se piensa que volverán a invadir nuestro planeta. Para esta guerra preventiva, el alto mando decide reclutar a niños genios, pues existe el consenso de que con su creatividad y capacidad de aprendizaje, serán mejores soldados y estrategas que los adultos. Así Ender Wigin aparece como “el elegido”, un niño que será entrenado para ser el comandante en jefe de todas las milicias del mundo y derrotar definitivamente a los extraterrestres.

Orson Scott Card, autor del libro “El juego de Ender”, dijo alguna vez sobre su novela que era imposible hacer una versión cinematográfica de ella. Y para hacer una crítica de la película, se hace necesario explicar antes el por qué de esta cita tan tajante.

“El juego de Ender”, una de las novelas de ciencia ficción más premiadas y elogiadas de la historia, lectura obligada para cualquier amante del género, es a la vez una obra que se caracteriza por narrar su historia desde el interior de sus personajes, principalmente de su protagonista, y no desde las acciones, algo fundamental en el lenguaje cinematográfico, que necesita que los personajes hagan cosas, que se muevan, que actúen para lograr sus objetivos.

Por ejemplo, en la novela, Ender se ve enfrentado a un videojuego muy particular, que es en el fondo un reflejo de sus propios miedos, al desafío de saberse responsable de una misión que tiene en juego miles de millones de vidas. Algo que sería difícil para cualquiera, lo es más para un niño de 12 o 13 años. Ender se pregunta permanentemente si es capaz de ser un líder, y sobre todo, si será capaz de hacer algo terrible por un bien mayor. Este tipo de cuestionamientos, que hoy se empiezan a ver en películas como “Los juegos del hambre”, donde jóvenes son obligados a matar a otros para sobrevivir, hicieron que esta historia traspasara las fronteras de ser una “novela de género” y ser reconocida como una gran obra literaria, que abordaba varios temas complejos, desde una perspectiva bastante novedosa para la época (mediados de los ochenta). Todo esto está presente en el filme, pero de una manera superficial.

La novela además se adelantó en muchos conceptos que hoy nos son familiares, como el uso de las redes sociales en internet, la guerra usando drones, o las tribulaciones que sufren los niños que se ven obligados a madurar antes de tiempo.

Tomando en cuenta todo lo anterior, es que hay que decir que la labor del director Gavin Hood es valorable, ya que logra salir airoso con esta cinta, aún cuando tiene varios baches que, probablemente se habrían resuelto con una versión más extensa de la película.  De este modo, uno de los grandes problemas que tiene la cinta es que las relaciones entre los personajes se resuelven demasiado rápido. La economía narrativa, que generalmente se agradece, acá juega en contra; los personajes apenas se conocen e inmediatamente se aman o se odian, y para el espectador esto se hace difícil de digerir. Acá todo es “amor u odio a primera vista”, sin mayor desarrollo.

También es necesario decir que Hood decidió saltarse una parte importante de la trama del libro y concentrarse en lo que le sucede a Ender. Esto último es una buena decisión, que hace que el filme mantenga un foco y hace la historia más fácil de seguir. Sin embargo es algo que probablemente a los fans del libro los podría decepcionar.

Con todo, “El juego de Ender” es una buena película, que salvo  pequeños altibajos está bien contada, y logra captar el espíritu de la novela, que es finalmente lo más relevante. El joven Asa Butterfield logra personificar bien a Ender, y no solo es creíble, sino que logra traspasar (hasta cierto punto al menos) las aflicciones que pasan por su mente; es un protagonista empático con el público.

A esto hay que agregar un buen elenco de personajes secundarios, y un gran espectáculo visual que, contado de una forma muy poco tradicional (las batallas son muy distintas a “Star Wars” o “Star Trek”) se hará entretenido tanto para los seguidores de la novela como para quienes se adentran en el mundo de Ender por primera vez.

En resumen: “El juego de Ender” es una película que logra salir airosa al tratar de contar una historia muy compleja, llena de ribetes, metáforas y sublecturas, y además es entretenida, pero a la que le faltó correr riesgos tratando de ser masiva e introspectiva a la vez, quedándose en un extraño limbo, y no alcanzando lo necesario para ser épica.

© Por Juan Carlos Berner

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