Un hombre despierta en una amplia plataforma de concreto que comparte con otro hombre más y al cual no conoce. El lugar es como una celda pero sin barrotes ni ventanas, tiene dos camas y un lavabo. En el centro existe un gran orificio rectangular, desde el cual se pueden ver los pisos superiores e inferiores, los que a su vez también están habitados por otras personas. Este orificio es conocido como “el hoyo”, por donde una vez al día, baja una estructura de concreto que calza perfecto en el espacio del hoyo, lleno de comida. Pero lo de “lleno” es subjetivo, porque dicha cantidad de alimento son las sobras que van dejando los pisos superiores. Está unos minutos para que los humanos coman, y baja al siguiente piso. Y deben comer, o sino mueren de hambre.

Esa es la trama de esta película española que sitúa su género entre el drama y el terror. Pero su planteamiento es raro, es un tanto vago, ya que mientras avanzan los minutos se va recién ideando un objetivo. El filme es un concepto, es una concepción de una torre de más de 300 pisos con esta particularidad de la comida que baja una vez al día. Pero no se explica el porqué, ni la finalidad. No es una cárcel; nuestro protagonista “postuló” para ingresar de forma voluntaria y así poder obtener una beca que le servirá una vez cumplido un periodo de tiempo determinado desde su ingreso.

Es más, no es muy difícil darse cuenta que la película es un grito angustioso y de rabia contra el sistema capitalista que impera en la mayoría de las naciones del mundo. La primera plataforma, la más rica y de más privilegios, disfruta de las mejores comidas y los mejores vinos. Y aquí comienza lo denominado “sistema de chorreo” (como olvidar el video de Amaro Gómez-Pablos utilizando una torre de copas y agua explicando las demandas sociales en Chile desde el 18-O del 2019), en donde las sobras de esta primera capa son entregadas a la capa siguiente y así sucesivamente hasta la última, a la cual ya no le llega nada. Si incluso hasta las personas que habitan las plataformas son diferentes entre sí, tal cual ocurre en la vida real en la estructura de los grupos socioeconómicos.

“El Hoyo” es dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia. Esta es su ópera prima, aunque había dirigido dos cortos anteriormente pero ningún largometraje. Tiene buen manejo de la línea argumental y de alguna que otra secuencia de imágenes. Por otra parte, no destacan mucho ni la fotografía ni la banda sonora. La película descansa bajo una paleta de colores que desea ser cálida en una ambiente alerta y hostil.

El filme ganó un Goya a los mejores efectos especiales y ganó Sitges (el festival de cine fantástico más importante de Europa). También ha tenido una gran recepción del público en general dado su estreno en la plataforma de streaming Netflix, pero no se engañe. Quizás es un tema de expectativas, pero lo cierto es que la película busca y trata de entregar algo original (aunque no en demasía porque ya existen películas con una temática parecida) pero que seguramente funciona solo para las nuevas generaciones.

Por Daniel Bernal
En Twitter: @DanielBernalY

Ficha Técnica:

Nombre: El Hoyo
Director: Galder Gaztelu-Urrutia
País: España
Duración: 94 minutos
Elenco: Ivan Massagué, Zorion Eguileor, Eric Goode, Alexandra Masangkay, Antonia San Juan