Crítica de cine: “Aviones”

Un pequeño avión fumigador de un pueblo en el interior, pasa sus días en conversaciones monótonas con su mejor amigo, un tractor campesino, quien al atardecer se convierte en su entrenador y alimenta sus sueños de llegar a ser algún día un corredor profesional. Al caer la noche la realidad lo enfrenta. Su vecina, un auto de servicio que oficia como mecánico debe reparar las secuelas que sus juegos le causaron a su motor.

Esto da la partida a “Aviones”, el spin-off de “Cars” y que originalmente se presentaba como “World of Cars: Planes”. Bajo esta idea es obvio preguntarse qué pasa con el resto de los personajes y en qué momento y cómo conviven ambas ciudadanías…y quizás cuantas más, si todas provienen del mismo universo. No logra cuajar dónde estamos ni por qué. Mucho menos el por qué Dusty Fumigador, el protagonista, es precisamente un Rayo McQueen (protagonista de Cars) invertido. Rayo era un ganador que debía aprender los verdaderos valores de la vida, mientras Dusty posee un mundo estabilizado donde lo que lo guía es la búsqueda de triunfo y una especie de “american dream” de lograr ser más de lo que la naturaleza te permitió. Cuesta preguntarse entonces el por qué de los hechos y el cómo resultan verosímiles, porque pareciese que todo está a la mano y que no hay grandes cambios a lo largo del viaje.

Quizás lo más logrado y desaprovechado a la vez, es lo que hace de ésta una película Disney. Los personajes de la casa de Mickey suelen tener una construcción compleja que los vuelve impredecibles y más humanos, pero que en esta ocasión no han sido explotados como el lugar por dónde la historia debiese mutar. Dusty es un avión muy talentoso y sólo su fabricación lo condena a no lograr su sueño de ser un corredor profesional…pero teme a las alturas. Lo que lo hace frágil sucumbe frente a lógicas ajenas como la solidaridad del resto y la confesión de mentiras, búsquedas de los personajes secundarios. Dusty pierde relevancia en una historia que debiese ser suya.

A la vez, mientras vemos cómo las piruetas aéreas toman mayor importancia que los personajes, la aventura que nos guía por este mundo nos va llevando a cuestionar en cada parada del viaje el por qué de lo que acaba de ocurrir. Todo parece muy fácil. Dusty, sus debilidades, la relación con su amiga mecánico, Skipper el viejo avión héroe de guerra y un pasado oscuro que esconde, todo nos genera una condescendencia con la que permitimos que ciertas cosas vayan pasando con la esperanza de que en algún momento las expectativas alcancen la altura que la misma película nos prometió.

“Cars” alcanza mayor altura que “Aviones” y al estar conectadas se evidencian las fortalezas de uno y las debilidades del otro.

Como era previsible, la conexión emocional se traslada hacia sus personajes secundarios y la sensación final es de cierta frustración por no entender realmente qué les pasó a ellos o si es que efectivamente ganaron algo, por que al final pareciera que Dusty gana por ser el bueno, que los malos pierden por ser malos y que el mundo de “Aviones” más que un mundo es sólo una imagen capturada al vuelo donde sólo se encuadra al protagonista de turno y unas cuantas nubes que hacen de escenario.

 

 © Ignacio Hache

En Twitter: @Ignacio_Hache

Autor:

Compartir este post

1 Comentario

  1. Comparto bastante tu opinión sobre la película de que los personajes son más humanos y la fobia de Dusty se maneja muy bien, es un gran mensaje para niños y adultos. Excelente para pasar un buen rato en familia.

    Comentar

Comentar

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *