Crítica a la segunda temporada de “Preacher”

Hasta el fan más fan debe aceptar el hecho de que las series se van a tomar libertades sobre sus obras favoritas. Y es no es necesariamente malo. Piensen en “Game of Thrones” o “The Walking Dead”, que han capturado a un grupo de fans distintos a los de las novelas o comics. No hay nada de malo en los cambios. Y si ves una serie esperando que sea un calco, vas a sufrir y pasarlo mal. Pero creo que en las libertades y licencias hay límites. No tendría sentido un Mr. Magoo que pueda ver, o un Freddy Krueger bueno.
Para mí “Preacher” era una obra sobre integridad, hacer lo correcto, tomar decisiones, y eso es lo que echo en falta. No que Tulip sea negra, o que Cassidy no tenga lentes. Es la personalidad de Jesse lo que empaña el espíritu de la serie. Jesse Custer no es un tipo que elude responsabilidades, falta a su palabra al regalar sus tierras, oculte a Cassidy luego de matar a un inocente o intenta salir libre de polvo y paja luego de enviar a alguien al infierno. Él habría hecho lo imposible por enmendar sus errores. No es alguien que mataría a una persona por celos, como estuvo a punto de hacer en esta temporada. Tampoco vemos su resolución: de hecho aún no es del todo claro para qué quiere buscar a Dios. En la historia original eso es aclarado desde un principio, pues es la motivación del protagonista, la justificación a toda la serie, vamos.
El personaje de Tulip tampoco ha estado a la altura: tiene sexo con Cassidy, parece disfrutar de la violencia y el crimen, y en lugar de ser un personaje femenino con carácter es una mocosa malcriada que hace lo que le venga en gana porque amaneció con el pie izquierdo. Creo que el personaje mejor logrado es Cassidy, que conserva más el espíritu del original: hedonista, con evidentes problemas para distinguir el bien del mal aunque se esfuerza por ser íntegro, lo que lo hace el más interesante de los tres.
Aunque hay que reconocer que esta segunda temporada estuvo mejor que la anterior en la que no pasaba nada de nada, y el argumento parecía ser inventado sobre la marcha, y a uno por hora. Hay muchos cambios totalmente justificables, debido a que la serie está ambientada en la actualidad y no en los 90. Por eso no era posible que el padre de Jesse tenga un pasado en Vietnam porque no correspondería la edad de los protagonistas, ni tampoco Caraculo debe sus orígenes a Kurt Cobain, porque tendría que tener como cuarenta años ahora.
Algunas historias estuvieron bastante bien, como la de Denis, el hijo de Cassidy, que nos muestra cómo es un vampiro sin moral, e indaga en algo que se mencionó en el comic pero que nunca se desarrolló: la prole de Cassidy. Esperemos que los Enfants du Sang salgan más adelante. Uno de los mejores logros de esta temporada fue sin duda el Grial, y Starr, quien también se asemeja bastante al del comic: implacable, frío, pero con un dejo de patetismo. El episodio sobre sus orígenes fue uno de los mejores.
Sí hubo caídas feas como esa insulsa subtrama de Caraculo y Hitler en el infierno, mostrando el inframundo como una especie de secundaria con matones y nerds. Para mí lo más olvidable de esta segunda temporada. Y está claro que la tercera ahondará en los sucesos de Angelville, puesto que en la serie los acontecimientos respecto al El Grial fueron presentados antes que la abuela de Custer, al revés que en el comic, aunque no me parece que esto haya estado mal, para ser honestos.
Creo que lo peor de esta temporada fue sin duda la inexistente química entre Jesse y Tulip, quienes parecen ir cada uno por su lado. No es posible ver ese fuerte vínculo que comparte la pareja en el comic, acá incluso Tulip se ve más cercana a Cassidy, con Jesse parecen niños taimados que no se interesan en absoluto por el otro, y eso sí que va en contra del espíritu y la identidad de lo que fue “Preacher”. Cuando lees el cómic, piensas “qué ganas de que esta pareja funcione”, quieres que ellos dos estén juntos. Acá, como que cada personaje opera por separado y no existe esa pasión que cada uno desata en el otro.
Solo nos queda esperar que la tercera temporada halle el camino perdido, que El Santo de los Asesinos no sea un pelele fácil de manipular o encerrar en una camioneta, y que veamos a Jody y T.C. en todo su esplendor y mala leche, sin censura, junto a la abuela. Roguemos al Señor nuestro Dios. Aunque todavía no se le pueda encontrar.

 

Por Felipe Tapia, un crítico destinado a decepcionarte

Autor: Cine

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