Crítica a “La Número uno”: una película de denuncia

Con el feminismo como uno de los temas más populares en esta última década, era de esperarse que se produjera todo tipo de material fílmico que lo trajera a colación, sin embargo, esta cinta francesa es quizá una de las que lo retrata de forma más objetiva. Es difícil no encontrar algún atisbo de panfleto cuando se trata de un tópico como este, y “La Número Uno”, dirigida por Tonie Marshall, no está a salvo de este problema, pero de forma mucho más leve y con mucha más autocrítica que en cintas como “No soy un Hombre Fácil”.

Emmanuelle Blachelly (Emmanuelle Devos) es una profesional exitosa y se desenvuelve de forma más que competente en el mundo empresarial. Pero de pronto surge una oportunidad de hacerse cargo de una de las empresas más importantes, y deberá lidiar con toda clase de obstáculos para obtener el puesto, debido a que ya había un favorito para dicho cargo. Emmanuelle será apoyada por una organización feminista que quiere ver a una de las suyas en el poder.

Lo interesante de esta historia es que, lejos de ser una clásica película sobre lo sufridas y valientes que son las mujeres vs. Lo malvados y trogloditas que son los hombres, retrata las luces y sombras de un mundo en el que todo se soluciona a partir del lobby, el engaño, la triquiñuela y los contactos. En resumen, las mujeres distan de ser seres angelicales, y se valen de las mismas armas que los hombres para escalar posiciones: ventilar la mugre del rival, acudir a contactos, explotar la imagen pública, etc. De hecho, en más de una ocasión da la impresión de que Emmanuelle es vista como un objeto por el club feminista, que no cejará hasta ver a una de sus congéneres en un alto cargo de poder, convirtiéndola en un símbolo para la causa.

Pese a todo, la película no se queda en el confort tibio, y se arriesga a mostrarnos un mundo empresarial desigual, en el que si bien una mujer es capaz de escalar hasta cargos gerenciales, aún es mal visto que sea segura, ambiciosa, audaz, a diferencia de un hombre, al que estas características nunca se cuestionan ni se critican. La protagonista más de una vez se declara escéptica al planteamiento de la organización feminista que la acoge, pues para ella, el género no es relevante en su carrera, y de hecho ha luchado para que no se fijen en ella como mujer u hombre a la hora de evaluar sus competencias (Que es lo que justamente busca ensalzar esta organización). Conceptos como la ley de cuotas o la representatividad femenina son tan cuestionados como la desigualdad de género y el machismo en el mundo empresarial, y esta es una mirada que se agradece siempre.

Como sea, el tema de fondo de la historia es que ni mujeres ni hombres están a salvo de los defectos de la raza humana: corrupción, lobby, el considerar que el fin justifica los medios, etc. Incluso, algunos de los personajes en bandos opuestos de la trinchera en la lucha entre hombres y mujeres, parecen limar sus asperezas en el campo del sexo, como una tregua que se toman los peones de tanto en tanto en el tablero, como para recordarnos que ambos se necesitan.

“La Número Uno” es una película más que recomendable por el tratamiento objetivo y realista que le da al problema del género, en lugar de ir por el camino fácil y convertirlo en una disputa entre buenos y malos o caer en la santurronería victimista, tan de moda en el cine actual. Pero incluso se podría decir que es más una película sobre el poder en sí mismo, que una sobre temas de género. Por ese motivo, algunos podrían decepcionarse al encontrar una trama distinta a las que esperaban.

Por Felipe Tapia, el crítico que llegó tarde a la repartición de vello púbico

Autor: Cine

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