Crítica a “Batman: Hush”: más de lo mismo pero diferente

En la actualidad el debate sobre el futuro de los superhéroes está en su punto más álgido, luego del final de la saga del universo cinematográfico Marvel y el anuncio de la etapa 4 del mismo. Umberto Eco se refería a los superhéroes del comic como los mitos modernos, por lo que estos son tan eternos como Hércules o Gilgamesh, y sus historias pueden ser contadas una y otra vez. En su libro “Apocalípticos e Integrados en la cultura de masas” sostiene lo siguiente:

“El personaje de los comics nace en el ámbito de una civilización de la novela. La narración de moda en las antiguas civilizaciones era la narración de algo sucedido ya conocido por el público. Se podía contar por enésima vez la historia del Paladín Orlando, aunque el público supiera perfectamente cuanto le había sucedido al héroe. Pulci entronca con el ciclo carolingio, y al final nos dice lo que ya sabíamos, que Orlando muere en Roncesvalles. El público no pretendía que se le contara nada nuevo, sino la grata narración de un mito, recorriendo un desarrollo ya conocido, con el cual podía, cada vez, complacerse de modo más intenso y rico.”

Según el planteamiento de Eco, podemos presenciar una y otra vez la historia de Moisés abriendo las aguas, o Hércules luchando contra la Hydra, Prometeo robando el fuego, Peter Parker siendo mordido por una araña, Brucito Wayne presenciando el asesinato de sus padres o Kalcito El siendo enviado a la Tierra en una nave. Yo tendré 80 años y los X-Men seguirán viéndose como tuna y luchando por un mundo que les teme y les odia, o Iron Man rompiendo corazones y sufriendo del corazón, y al Joker tratando de deshacerse de Batman. Así funcionan los mitos, pues son eternos.

La película animada “Hush” se alimenta de ese principio, pero introduciendo variaciones: El encapuchado sigue protegiendo Gotham, pero ahora cada vez tiene más asumido que Nightwing lo reemplazará, ha asumido el rol de padre de Damian, se permite tener citas y acepta de mejor grado la colaboración de sus protegidos. Catwoman está en plena etapa de reformación, con recaídas incluidas. También sigue combatiendo a sus enemigos de siempre, como el Joker, Bane, Poison Ivy, Dos Caras, Clayface, etc. En resumidas cuentas, más de lo mismo pero muy diferente al mismo tiempo.

Según Eco, la eternidad del cómic comenzó a mermar cuando se les incorporó a los héroes una continuidad de teleserie. Es decir, antes Bruce Wayne y Clark Kent siempre volvían al punto de partida, nunca conseguían a la chica, volvían a sus vidas de mierda y los enemigos escapaban de la cárcel por enésima vez. Para el autor, Spiderman fue uno de los primeros cómics que marcó una tendencia que acabaría permeando a casi todos los superhéroes: muchos envejecieron, acabaron casándose, los más jóvenes se volvían adultos, algunos morían, tenían hijos, etc. Eso arruinaba la eternidad y el status quo que por décadas se había mantenido. La Muerte de Gwen Stacy fue una de las primeras historias en amenazar el status quo, pues en la época en que sucedió fue como si mataran a Lois Lane ¿Alguien se imagina que algo así pasara? En esta película animada, basada en un cómic homónimo, también vemos como el status quo del universo del murciélago está tambaleándose.

Contemplamos a un Bruce Wayne por primera vez en décadas considerando en serio la posibilidad de tener una vida más allá de perseguir criminales, hasta que un nuevo peón en el tablero le obliga a retornar a las viejas costumbres. Se hace llamar Hush y puede manipular a criminales de la talla de Harley Queen, Bane o Poison Ivy, por lo que la amenaza es seria. Batman deberá colaborar con Catwoman, Batwoman, Nightwing y el mismísimo Superman para dar con esta nueva amenaza que una vez más pone de cabeza a toda Gotham. Todo esto le hará replantearse si tiene derecho a ser feliz o debe continuar con su deber como el guardián de la peligrosa ciudad. Es decir, un poco más de lo mismo, pero diferente, como ya dije antes.

Esa es la gracia de la nueva película: puede satisfacer a los fans antiguos que disfrutarán de la vieja Gotham, sus criminales clásicos y los héroes de siempre, pero con algunos elementos nuevos que serán del agrado del fan hastiado que necesita ver algo distinto a lo ya visto desde los años 40. Es en este punto que recuerdo las palabras de Alan Moore respecto al género de superhéroes, en el que plasmó muchas de sus grandes obras pero del que ha declarado estar hastiado: “Para mí, abrazar lo que son sin ambages personajes infantiles de mediados del siglo XX indica una retirada de las abrumadoras complejidades de la existencia moderna. Me parece que una parte muy significativa del público, renunciando a comprender el mundo en el que viven, ha razonado que sí puede entender los vastos, vacuos, pero al menos ‘finitos’ universos presentes en Marvel o DC Comics. Me gustaría indicar también que esto es potencialmente catastrófico, pues nos encontramos con la nostalgia del siglo pasado dominando posesivamente el ámbito cultural y negándose a permitir que esta era sin precedentes desarrolle una cultura propia, relevante y suficiente para los tiempos que corren. Encuentro preocupante que el público de las películas de superhéroes esté ahora prácticamente compuesto por adultos, hombres y mujeres en sus 30, 40 o 50 que se apuntan ansiosamente a ver personajes expresamente creados hace medio siglo para entretener a chavales de doce a quince años”.

En una de sus última declaraciones confesó: “Creo que este siglo necesita y merece su propia cultura, merece artistas que intenten decir cosas que sean relevantes para los tiempos que estamos viviendo. Esta es la forma larga de decir que estoy harto, realmente harto de Batman”.

¿Quién creen ustedes que tiene la razón? ¿Umberto Eco al decir que los héroes de hoy son mitos modernos destinados a ser reinventados cada década, o solo un producto de una cultura de masas decadente y sin creatividad como lo plantea Alan Moore? Creo que es preciso contrastar ambos puntos de vista y observar detenidamente lo que pasará en adelante, no solo en el cine, en el que veremos si la audiencia aguanta otras décadas más de tipos disfrazados, sino también en el cómic y la televisión.

Volviendo a la película animada de “Batman: Hush”, creo que esta historia es una prueba de lo que pasa actualmente con la industria y el género. Personalmente creo que tanto Umberto Eco como Alan Moore tienen algo de razón. Los arquetipos son eternos, pero es necesario explotarlos y resignificarlos, para que no acabemos siendo “vístimas” de la industria del refrito, remake y secuela. La mayoría de las películas animadas de DC son adaptaciones de comics con algo de éxito o trascendencia en la historia de sus personajes más importantes. Lo que destaca a “Batman: Hush” de producciones similares es que acá los fans podrán contemplar a prácticamente a toda la galería de villanos clásicos más un par de los nuevos, casi como un muestrario. Incluso algunas apariciones son prácticamente cameos, como para que no digan que tal villano no estuvo.

Respecto a la historia en sí, no está del todo mal, pero tampoco del todo bien. Cumple y es entretenida, aunque hay algunos cambios respecto al cómic original que no entendí muy bien, por ejemplo la identidad real de Thomas Elliot. Quizá ese será un tema para la próxima película.

Por lo pronto, esta es una película que el fandom debería ver sin lugar a dudas, y luego cuestionarse ¿Debería retirarse Bruce Wayne y Batman? ¿Ya se ha hecho todo lo que debería hacerse con el personaje y los héroes en general? ¿Serán un aporte las futuras películas del Joker y de Batman con Robert Pattinson? ¿Deberían los guionistas crear personajes nuevos en lugar de seguir mamando de la teta de la nostalgia? ¿Esta es la vida que quiero? ¿Quiero llegar a los 70 y estar esperando el trigésimo reboot de la saga de Iron Man, Hulk o Superman? ¿Qué diablos estoy haciendo con mi vida? ¡Hay un mundo allá afuera, los pajaritos cantan, los políticos se aprovechan de nuestra alienación y el amor está en el aire, y yo acá mirando otra adaptación de superhéroes! No, esa no es la vida que quiero para mí.

Por Felipe Tapia, el crítico que solo los que resuelven los acertijos matemáticos de Facebook pueden entender

Autor: Cine

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